miércoles, 2 de noviembre de 2016

Otro Halloween, otro regalo


Otro Halloween a la espalda, y como es tradición vengo a compartir contigo un relato de terror. Sí, lo sé, ya ha pasado la noche de Halloween, pero ¿acaso importa? Te traigo un relato, que es de lo que se trata. Y te lo traigo hoy porque es hoy cuando por fin está disponible. No creas que es fácil coordinar a una treintena de autores por medio de Facebook en un tiempo récord, leer, seleccionar, revisar y maquetar a contrarreloj; el proyecto se ha demorado dos días, bueno, no vamos a ponernos tiquismiquis. El incombustible Athman y el tenaz Toluuu, junto con James Crawford Publishing, se han pegado la currada padre para que pudieras tener en tus manos una antología delirante y fantástica, y además la han colgado en Lektu para que puedas descargártela gratis, así que lo menos que podemos hacer es aplaudir, dar las gracias y correr a pinchar en el enlace. ¿Ya te he dicho que es gratuita? 8-)

Ah, ¿que de qué va la cosa? Claro, claro, no te he dicho nada todavía; ya sabes que no suelo hablar de lo que voy haciendo a menos que tenga una portada que enseñarte, o una fecha de publicación. Hay varios relatos míos por ahí, muy bien acompañados, por cierto, de los que no he hablado porque quiero que permanezcan en secreto hasta que pueda mostrártelos (ya sabes que soy muy celosa de lo mío y que no me gusta presumir ni vender humo), y este que te traigo hoy es uno de ellos. Además, esto de los retos exprés es lo que tiene: primero, que no sabes si vas a ser capaz de escribir un relato sobre un tema concreto en un plazo minúsculo; segundo, que no sabes qué va a pasar con la antología en cuestión; y tercero, que todo va tan deprisa que no te da ni tiempo a crear un mínimo hype, porque la cosa sale a la luz antes de que te des cuenta.

Bien, así ha sido ONÍRICA. Hijos de Iquelo. Una idea de Athman M. Charles (y cito sus palabras) en la que más de treinta autores rendimos tributo a lo onírico, lo surrealista, lo experimental, utilizando el mundo de los sueños, las alucinaciones, la locura, la metaliteratura o la introspección para hablar de lo intangible, de lo que existe más allá de nuestra propia percepción.
Donde los límites de lo real se difuminan por completo cuando percibimos retazos de otros mundos, sean posibles o solo fruto de nuestras propias obsesiones, pesadillas, dudas y deseos, como parte de una realidad que desconocíamos, pero que se manifiesta ante nosotros de manera tan absurda como tangible y de la que somos involuntarios creadores, y a la que, como antiguos demiurgos, damos forma, aliento y vida. Al franquear ciertas puertas que mantenemos ocultas en la parte más oscura y secreta de nuestra psique, se nos aparecen Lynch, Buñuel o Richard Kelly haciéndonos sentir como Alan Wake en El País de las Maravillas.

Se dice que los sueños reflejan los deseos y anhelos del subconsciente. Y que las pesadillas, los temores. Pero no siempre es así. A veces los roles se intercambian. O se mezclan. O se distorsionan. Y las líneas entre lo soñado, lo deseado, lo temido y lo vivido se desvanecen como los recuerdos de esos sueños tras despertar.
Paranoia, surrealismo, demencia, fantasías, extravagancia… Todo eso, y más, aparece conformando los sueños. ¿O quizá no son solo sueños, sino recuerdos de otras realidades, de otras vidas? Cada uno debe decidirlo, descubrirlo, al igual que han hecho los treinta y dos autores que conforman esta antología.
Porque los sueños, no siempre sueños son…

Bueno, pues aquí vas a encontrar un relato mío, ése que te traigo para cumplir con la tradición, como cada año desde que me inicié en esto de los blogs. Se titula Sicigia. ¿Y qué puedo decirte de él? Es onírico, tanto en el tono como en el contenido, es surrealista, en él los límites de lo real se difuminan por completo, como dice Ath; es, digamos, una paranoia visual rica en detalles, diría que en cierto modo es introspectivo, y me he decantado por la metaliteratura. No puedo decirte más, no debo hacerlo. Pues cada relato pertenece al lector tanto como al escritor, y cada lector encuentra en él cosas distintas, y nada de lo que yo diga sirve de mucho, pues eres tú quien, tras leerlo, te vas a formar un juicio y te vas a llevar una impresión u otra. Así que te invito a leerlo y, si después te apetece, a venir a contarme qué te ha parecido. Porque escribo para mí, ya lo sabes, pero también escribo para ti, también lo sabes. Y hace mucho que esperas algo nuevo salido de mi pluma. Espero que este relato, este regalo que te traigo hoy, te complazca. Yo he disfrutado muchísimo escribiéndolo.

martes, 27 de septiembre de 2016

De cazatalentos, presuntas editoriales y otras (malas) hierbas

Hace mucho que no vengo a contarte cositas, en parte porque todavía no tengo noticias literarias que compartir, y en parte porque este año no siento tanto la necesidad de comunicarme como la de reencontrarme con esa parte de mí que estuvo tanto tiempo perdida (o dormida, o en coma, vete a saber) que necesitó doce retos y un NaNoWrimo personalizado y autoimpuesto para empezar a resucitar y que incluso después de haber vuelto el año pasado (y demostrar que conserva el toque y que cuando se lo propone es capaz de darme textos fantásticos) aún se muestra esquiva como la sombra de Peter Pan, negándose a quedarse conmigo el tiempo suficiente para que me la cosa al alma y así mantenerla a mi lado. A ratos tecleo, y lo que escribo me llena y me satisface, pero no lo hago durante muchos días seguidos, y ante el temor de volver a hallarme varada en medio del mismo camino en el que me quedé estancada hace años, y en un intento de forzar a la voluntad para derrotar de una vez por todas a la desidia, a la cobardía y a la resignación, todas ellas grandes maestras en la fabricación de excusas, apago el ordenador y busco a mi sombra esquiva en un cuaderno, en algún rincón de mi estantería o en el triste y aburrido paisaje que se ve desde mi ventana; sin internet, sin redes sociales, sin móvil, sin más distracciones que esa lucha interna (que se me antoja eterna) entre la necesidad y las ganas por un lado y la pereza y la falta de motivación por el otro.

Hoy, sin embargo, rompo mi silencio y salgo de mi cueva de ermitaña para compartir contigo una estupendísima noticia que te va a dejar con la boca abierta. Y es que ¡por fin! he recibido ese correo tan anhelado por todo escritor que sueña con ver su trabajo publicado... y todavía no sé si echarme a reír o ponerme a gritar.

Y es que nos han dicho cientos de veces que publicar con una buena editorial es misión imposible cuando menos, que tienes que llamar a docenas de puertas antes de que que algún editor o asesor editorial se muestre ligeramente interesado en tu propuesta, que tienes que armarte de paciencia y estar dispuesto a recibir muchas negativas, o incluso muchos silencios, porque no todas las editoriales a las que te dirijas responderán a tu carta de presentación; que si no has publicado nada antes, o sí lo has hecho pero no has tenido repercusión y tu nombre es uno más entre una multitud de desconocidos, va a ser muy difícil que ningún editor se moleste en escucharte.

Y nos lo hemos creído, qué ingenuos, qué bobos.

¡Pero si publicar es súper mega fácil de la muerte!

Verás, lo que nadie nos ha dicho nunca es que existen ojeadores y cazatalentos ocultos en la red, observando y valorando nuestro trabajo, dispuestos a recibirnos con los brazos abiertos y a publicar nuestra novela haciéndose cargo de todos los gastos y blablabla. Y que no necesitas mandar ningún mail, porque en cualquier momento ellos van a enviarte uno a ti, así, por tu cara bonita, porque el trabajo que compartes en las redes sociales o en tu blog o en tu página web tiene muchísima calidad y no merece quedarse inédito y pasar desapercibido. Vaya, que publicar con una editorial es lo más fácil del mundo. Sólo tienes que esperar sentado a que llegue ese e-mail y darle al botón de responder sin pensártelo dos veces.

Y yo, ¡yo!, he sido la afortunadísima escritora novel a la que nadie conoce que ha recibido dicho e-mail. Je. O debería decir: ¡Ja!

Permite que comparta contigo el contenido de dicho correo, así tal vez comprendas la ironía de este post y de ese ¡Ja! que acabo de escupir.

Bienvenida Bea, te financiamos tus escritos inéditos en libreráis al 100%
Ediciones Mouse
Estimada Bea, desde ediciones Mouse te damos la bienvenida y nos es grato comunicarte que publicamos tu manuscrito de forma tradicional y corriendo nosotros con todos los gastos de edición y distribución. Después de valorar tus escritos en  internet pensamos y apostamos que puede tener interés ante los libreros y lectores.
Ediciones Mouse es una editorial tradicional nacida en Irlanda y extendida por todo Reino Unido siendo ahora pionera en España.Nuestra metodología consiste en ojear y observar a escritores de toda índole y de cualquier género literario que publique sus escritos en la redes sociales,blogs,wattpad,etc,con un equipo de profesionales y colaboradores en distintos sectores del mundo editorial al corriente de todo lo que se comenta en el ámbito literario.Somos unos cazatalentos cuyo objetivo es enviar a librerías los escritos de aquellos escritores noveles que no tienen ninguna ayuda ni pueden costearse la financiación de una publicación o bien han pasado desapercibidos en el ámbito editorial.Durante meses venimos observando su trabajo y viendo potencial en tus escritos. Por eso confiamos en tu obra, en tu manuscrito y vamos a invertir el 100%  de nuestro capital para publicar tu libro con todo nuestro respaldo y asesoramiento de forma tradicional.
Debes de vivir en España y que tu manuscrito sea inédito para publicarte. Nuestra labor como editorial consiste en la corrección de texto, diseño de portada,maquetación, isbn,gestión de la firma de libros en tu presentación en sociedad de ti como escritor y de tu obra en tu ciudad, distribución en librerías, portales de internet, etc.
Lo planificamos, nos encargamos y gestionamos todo. Nuestro lema es fomentar la literatura y a escritores noveles de España para entretener a nuestros lectores y potenciar la lectura en nuestro país. Por favor, si estas interesado para formalizar nuestro compromiso y redactarle el contrato de edición de su libro necesitamos nos envíes tus datos personales, manuscrito completo en un solo archivo de word, biografía, sinopsis del libro y fotografía.
Visita nuestra web.
www.edicionesmouse.es

Bueno, y ahora que lo has leído, dime: entre reír o gritar, ¿qué harías tú? A mí es que lo absurdo no me suele hacer demasiada gracia, más bien me ofende; además, cuando al leer según qué me empiezan a sangrar los ojos, grito. Y como no tengo a nadie cerca para desahogarme, grito aquí, en mi rincón, por si hay alguien al otro lado con ganas de escuchar y algunos minutos para perder.

¿Alguna vez has recibido un correo en el que te dicen que eres el único beneficiario de una herencia perdida en el culo del mundo, o has entrado en un sitio web y te ha saltado una ventanita que te felicita por ser el visitante número un millón y que has ganado un ídem que recibirás en cuanto le des al botón que parpadea en esa ventanita? Y te lo has creído y has respondido al correo o has pinchado en el botoncito, sí, claro, seguro que sí. Pues esa misma cara es la que se me ha quedado después de haber leído este mensaje que, no me preguntes por qué, ha aparecido en mi bandeja de entrada y no en la carpeta de correo no deseado. Cazatalentos, editoriales serias... ¡Ja!

Llámame tiquismiquis, pero alguien que redacta un mail con faltas de ortografía ya en la primera línea (libreráis, uf), que no parece conocer la existencia de la coma del vocativo (Bienvenida Bea), que no sabe que después de un signo de puntuación va un espacio en blanco y que tan pronto me habla de tú como de usted, por no mencionar esas frases tan mal construidas que parece que hayan utilizado el Bing para traducir un texto del original (suponiendo que el original fuera inglés, dado que dice que son nacidos en Irlanda), no me parece experto en corrección de texto o maquetación precisamente.

Llámame desconfiada, pero alguien que afirma llevar meses siguiendo mi trabajo en internet me parece un mentiroso descarado, porque quien me sigue realmente sabe que hace años que no asomo por Wattpad ni publico textos inéditos en mis blogs (que, de hecho, tengo bastante abandonados por falta de tiempo, de ganas y de noticias que compartir).

Llámame paranoica, pero que alguien a quien no conozco y con quien no me he puesto en contacto me dé la bienvenida y me pida que le envíe mis datos, mi manuscrito y mi foto no me hace saltar de alegría, sino que me ofende y me escama a partes iguales.

Porque yo seré una ingenua que desconoce los entresijos del mundo editorial, pero los años y la experiencia me han enseñado que los milagros no llueven del cielo y que nadie consigue nada a menos que se mueva y trabaje duro y busque y pida ayuda después de ofrecer una muestra de lo que sabe hacer. Así que ahora mismo estoy ligeramente enfadada, porque no me gusta que me tomen por boba. Ni que nadie juegue con las ilusiones y las esperanzas de la gente que tiene un sueño y desea sobre todas las cosas verlo cumplido. Que igual estoy equivocada y estos de Mouse son gente seria y legal y toda la pesca, y, ¡eh!, tú eres muy libre de pinchar en ese enlace y visitar la página web de esa (presunta) editorial y rellenar el formulario para ponerte en contacto con ellos y tal, pero yo voy a seguir llamando a puertas, trabajando lo más duro que pueda (o al menos intentando recuperar a mi sombra esquiva y derrotar a las madres de las excusas) y enviándole mi manuscrito a quien yo decida, aunque sepa que lo más probable es que me lo rechacen o que ni siquiera lo lean y jamás lleguen a responderme.

Pero déjame decirte una cosita, algo que no te había contado todavía porque, como te he dicho, mi necesidad de comunicarme es menos importante que la de volver a escribir para mí misma en estos momentos: mi primera carta de presentación obtuvo respuesta a los pocos días, mi manuscrito fue leído y valorado por un asesor editorial de peso que decidió recomendarlo para su publicación, y si la editorial en cuestión no hubiera sufrido ciertos cambios internos quizás ahora mismo estaría contando los días para darte la buena noticia. Y aún te diré otra cosita: mi segunda carta de presentación obtuvo respuesta a los pocos días, y aunque la respuesta no era muy alentadora, pues el sello en el que podría encajar mi novela lleva un tiempo en stand-by y no tiene pinta de empezar a mover la patita en breve (a menos que de pronto lo que ya lleva publicado empiece a venderse como churros), el editor que respondió tan amablemente a mi mail tiene mi manuscrito en su poder y prometió leerlo y hacer una valoración antes de rechazarme por motivos técnicos. Así que no desesperes, porque si a mí me han respondido (y con mucha presteza y amabilidad, debo decir) es que la cosa no está tan jodida como nos han contado. Busca, llama a las puertas que elijas, espera y confía en tu trabajo, porque tu editorial está ahí, en alguna parte, esperando a que des con ella. Pero no esperes a que ella llame a tu puerta, porque las cosas no funcionan así: no hay herencias perdidas que te correspondan en algún lugar perdido en el culo del mundo, y si algún ratón te busca para ofrecerte tu sueño en bandeja, antes que nada, desconfía. Por si acaso tú eres el queso.


domingo, 24 de julio de 2016

Ka es una rueda que gira


«Aquel que no aprende del pasado está condenado a repetirlo». Nunca una sentencia resultó tan verdadera. No era el día de la marmota. Era Ka en estado puro. «Ka es una rueda que gira». Que gira sobre el mismo eje, y que recorre el mismo camino vuelta tras vuelta, a menos que algo cambie. Roland lo comprendió justo al final de su viaje, por eso no estoy de acuerdo con todos aquellos que dicen que el final de La Torre Oscura es un timo. No podía terminar de otra forma que empezando en el mismo punto... salvo que no empezaba del mismo modo, porque había un detalle distinto, un cuerno que en algún momento del pasado quedó abandonado en la colina de Jericó. Mira qué cosa tan insignificante, un simple cuerno de caza. Pero al final, con ese cuerno en la mano, Roland volvió al principio, al mismo desierto, a la misma persecución, a la misma búsqueda de la misma Torre Oscura. Porque Ka es una rueda que gira. Que gira sobre el mismo eje, y que recorre el mismo camino vuelta tras vuelta, a menos que algo cambie. No puedes salirte del camino, pero puedes recorrerlo de nuevo y vivirlo de forma diferente si consigues que algo cambie.

Anoche estuve leyendo hasta el amanecer. Leyendo un viejo diario, uno que no había vuelto a hojear siquiera porque me daba muchísimo miedo recordar aquel momento en el que todo mi mundo se derrumbó y entré en este maldito círculo del que llevo años intentando salir. Recordaba que aquella época fue mala, oscura y terrible, pero no recordaba hasta qué punto lo fue. Tuve que leer mis anotaciones de aquellos días oscuros para comprender que mi temor no era infundado, pero también comprendí que podía superarlo, y que la solución no estaba en olvidar, sino en recordar. Porque si recuerdas lo malo, te será más fácil decidir que no deseas que se repita. En mi empeño por olvidar, no me daba cuenta de que estaba recorriendo el mismo camino, como si todo lo vivido desde entonces no me hubiera enseñado ninguna lección importante. Estaba entrando de nuevo en ese círculo de desidia, pereza, cobardía y resignación que durante años me mantuvo estática en medio del camino, sin voluntad, sin deseo y sin esperanza. Es cierto que perdí mis sueños y que aun ahora sigo sin encontrar el que me haga reaccionar y empezar a moverme, pero también es cierto que he vencido al bloqueo y que no perdí el toque en ningún momento. Escribir sigue siendo una necesidad tan primordial como respirar, pero además es inherente a mi naturaleza; no importa cuánto lo demore, cuántas excusas me ponga, cuántas veces me diga a mí misma que soy un fraude y que más me vale rendirme: no puedo rendirme, porque lo llevo en la sangre. Lo veo cuando por fin me dejo de tonterías y me pongo a escribir, lo veo en la fluidez con la que salen las palabras, en el resultado, en la sensación que me invade. Cuando escribo me siento viva, completa y feliz. Y no hay más, nada más importante.

A lo largo de mi vida he descubierto que se puede vencer a la enfermedad con optimismo, que se puede salir de la depresión con voluntad, que los deseos se cumplen aunque a veces su consecución nos traiga desdicha. Que no hay nada que no podamos conseguir si nos lo proponemos y trabajamos para que se convierta en realidad. Pero no lo estaba haciendo, no estaba haciendo que sucediera. Porque perdí mis sueños, y no tengo otro nuevo que me anime a empezar de nuevo.

Pero eso no es más que otra excusa. Los sueños que me movían en el pasado eran equivocados. Me servían, sí, pero sólo hasta cierto punto. Ahora comprendo más cosas. Y ahora sé que la voluntad no necesita apoyarse en un sueño para activarse; le basta el recuerdo para ponerse en funcionamiento. Porque aquel que no aprende del pasado está condenado a repetirlo. Y después de haber estado en el pasado a través de mi viejo diario, no deseo vivirlo de nuevo.

A veces, uno tiene que regresar al infierno para recordar cómo entró en él, pero sobre todo para recordar cómo salió, y para poder reconocerlo de nuevo si vuelve a entrar sin darse cuenta por otra puerta, que es la misma aunque pintada de otro color o fabricada con otro material.

Creo que voy a comprarme otro diario. Mi cuerno de caza, por así decirlo. Y con él en la mano empezaré de nuevo mi camino en busca de mi propia Torre. Esa en la que me esperan mis dragones.


martes, 1 de marzo de 2016

¿Tradición? Pues me gusta la idea, oye.

Si el año pasado por estas fechas venía a contarte que dos de las antologías en las que había participado en 2014 habían sido nominadas a los II Premios Ultratumba (muy contenta, porque el año anterior había sido mi propia novela la nominada a los II Premios Pasión por la Novela Romántica, y que se repitiera en cierto modo la historia me llenaba de entusiasmo), hoy vengo a darte la noticia de nuevo: esta vez ha sido MASCOTAS (La Pastilla Roja Ediciones) la nominada a mejor antología del año en la tercera edición de los Premios Ultratumba. Mola, ¿eh?

Si esto va a convertirse en una tradición, no le pondré pegas, je.



El año pasado escribí relatos para varias antologías, pero solamente se publicaron dos de ellas. Una fue Mascotas, y a día de hoy sigo sintiéndome muy orgullosa de mi URD. Ya sabes que, además de autora, soy parte del equipo de La Pastilla Roja, la que se lee todos los relatos y los deja limpitos de erratas para que tú disfrutes al cien por cien de la lectura, así que me siento doblemente contenta por esta nominación. Y también sabes que no tengo por costumbre pedir nada para mí, pero, ¡qué narices!, quien no pide no consigue, así que vengo a dejarte el enlace en el que puedes entrar a votar por nuestra antología (VOTAR nominados). Que otros harán más ruido y llegarán más lejos, pero que no se diga que yo no moví un dedo por defender lo mío, je.




Y esto es todo por hoy. Puede que no te parezca gran cosa, pero es una nominación, y me hace feliz. Que sí, que ya sé cómo va esto: gana quien tenga más amigos o quien haga más ruido. Pero, ¡eh!, nos han nominado, y eso ya es un premio ;)

jueves, 31 de diciembre de 2015

HAZ QUE SUCEDA

Mi querida Bea:

hoy es tu cumpleaños, y estás recibiendo tantas muestras de afecto, tantas felicitaciones, tantos abrazos, y hay tantos dragones cargados de buenos deseos volando a lo largo de tu muro de Facebook, que en estos momentos te sientes desbordada: energía positiva, emoción, amor, fe, entusiasmo, felicidad. Y es bien que así sea, porque te mereces todo lo bueno que recibes, y te mereces ese desbordamiento de sentimientos y de sensaciones. Pero tu cumpleaños tiene lugar una vez al año nada más, y con demasiada frecuencia se te olvida todo lo que hoy estás recibiendo y almacenando para futuros días malos, y cuando los días malos llegan no te acuerdas de que tienes una alacena de los sentimientos hermosos repleta de recuerdos de los que echar mano para no dejarte vencer por la tristeza, la desesperanza y la cobardía, ésa que te lleva a esconderte en tu cueva y a replegar tus alas, las mismas alas que tanto esfuerzo te cuesta abrir y que necesitas sólidas y vigorosas para poder echar a volar. Dragona, vengo a decirte que no debes olvidar jamás que naciste para volar muy alto, y que no importa cuánto lo demores, ocurrirá. Porque los sueños siempre se cumplen, y también el destino. Y, en tu caso, ambos siguen el mismo sendero. Así que Ama y Cree. Y utiliza todos esos recuerdos cargados de magia para obrar tu propia Magia, la que late en tu corazón.

Sé que sientes que 2015 ha sido un año de mierda, porque has perdido lo que más amabas, lo único hermoso que tenías. Nada va a llenar el vacío que te ha dejado la partida de Covent, pero sabes, LO SABES, que él te está esperando en el puente al final del arcoíris, y que hasta que volváis a reuniros vivirá en tu recuerdo y en tu corazón, y que te observa desde el cielo de los gatos, ese lugar en el que siempre es primavera, y que desde allí te protege y cuida de ti. Nuestro paso por esta vida es sólo una parte del viaje, y el vuestro juntos no ha terminado. Ama y cree. Y no permitas que la tristeza, el dolor y las lágrimas se lleven los recuerdos hermosos, los muchísimos recuerdos hermosos acumulados a lo largo de dieciséis años. Hasta agosto lo tuviste contigo, así que 2015 no fue un año de mierda. Sólo se torció hacia el final, pero no permitas que tu pérdida te haga olvidar todas las cosas buenas que has vivido, sí, incluso después de que Covent te dejara. No digo sola, porque sabes, LO SABES, que nunca estás sola de verdad, aunque físicamente lo estés. Mira otra vez tu muro de Facebook, mira tu Whatsapp, tu bandeja de correo, y verás que no estás sola. Son muchos los que te quieren, y eso debería hacerte fuerte. Sé fuerte, porque tienes motivos, muchísimos, para serlo:

La visita de tu mellizo Antonio Sánchez Vázquez a primeros de año; tus dos viajes a Barcelona en abril, Mar Lamas y su familia, el abrazo de Carlos Sisi, el abrazo de tu alfa literario, Daniel Estorach, el abrazo de Víctor Cifu y el de Cristina Béjar; dos de tus relatos publicados en dos antologías de La Pastilla Roja, y reunión del equipo en Madrid, presentación en la Fnac de Callao, el abrazo de Mayte Esteban, el abrazo de Sergio Moreno, el abrazo de Lorena Raven, el abrazo de Istel Singer, el abrazo de Néstor Allende, el de William Fleming, el de Eduardo Casas, el abrazo de Javi Zamora, David P.J y Nidia Black, el doctor Motosierra y su Catherine, tres días maravillosos junto a Toluuu y Pili Rosique; tu viaje a Zaragoza junto a Athman M. Charles, volver a ver a tu mellizo y a Toluuu y a Pili, el abrazo de Wiss Ana Vivancos, el de Ana Arranz, volver a ver a Carlos Rodón, a Marta Junquera y a Alberto Caliani, Jasso, Malo, Alcorce, Juanmi Fernández; más de una docena de sobrinitos literarios publicados, orgullo y alegría por los amigos y compañeros de letras, y el sueño de ver tu propia obra en las librerías junto a las de ellos renaciendo con fuerza; tu hermana Blanca, Ana Arnalot, Tamara Díaz Calvete, Antonia Romero, Nuria González Carretero, Carlos Gran, Pat Casalà, Adrián González de Luis, Cleopatra Smith, tantos amigos que te quieren y que creen en ti; la visita de Jorge Herrero, abrazos, abrazos, los abrazos son curativos y generan más sentimientos hermosos, o sea, más Magia. Y tu novela VASL terminada, lista para ser enviada en busca de una buena editorial, saber que al escribir la última frase todo lo malo quedaba atrás, que te has curado, que has vencido a la Oscuridad y que estás preparada para dar el siguiente paso. Que no lo has hecho sola, y que afortunadamente no has tenido que hacerlo sola, pero que lo has conseguido. No lo olvides. Ninguna de las dos cosas.

Bien, aprovecho que todavía es tu cumpleaños y que te dura el entusiasmo para proponerte un reto, que a ti te gusta mucho eso de los retos: tienes una muy buena novela para mover, has escrito una carta de presentación, tienes una dirección de correo a la que enviarla y la magia de los buenos momentos vividos en 2015 todavía funcionando, así que ¡hazlo! Ama y cree, envía ese mail y haz que VASL deje de ser una frase y se convierta en una realidad.

HAZ QUE SUCEDA.







domingo, 1 de noviembre de 2015

UNA HISTORIA DE TERROR PARA HALLOWEEN


Llega la noche de Halloween, y es tradición contar una historia de terror. Vale, ya ha pasado la noche, y mis historias de terror siempre son peculiares, por eso de que me gusta mezclar géneros, y en ocasiones producen en el lector una serie de sensaciones que no son las que va buscando, porque no tengo tendencia a dejarme llevar por los tópicos cuando escribo, y me guardo la sangre y las vísceras para centrarme en otros aspectos que me resultan muy interesantes, como las reacciones y los sentimientos de los protagonistas, que muchas veces dan más miedo que los propios monstruos. Porque el peor monstruo es el que llevamos dentro, y no es agradable mirarle a los ojos y enfrentarse a él cuando llega el momento de exorcizar nuestros fantasmas, estemos o no preparados. Y el lector conoce esos fantasmas, porque los suyos son parecidos, y conoce al monstruo, porque en algún momento de su vida ha tenido que enfrentarlo, y lo teme; y por eso empatiza con el personaje y sufre a su lado, y eso también es terror.

Mi historia empieza un viernes de octubre a las nueve de la mañana, a bordo de un tren con destino a Madrid. Mi protagonista (vamos a llamarla Bea) está muy asustada porque es la primera vez en muchos meses que viaja sola. No es la primera vez que lo hace, pero este año ha sido bastante malo en lo personal y no se siente precisamente valiente. De hecho, hasta la semana anterior estuvo dudando entre comprar el billete y volver a meterse en su cueva para no tener que enfrentarse a lo desconocido cuando no se sentía preparada. Va a reunirse con un grupo de personas a las que nunca ha visto en persona, y se espera de ella que hable en público y que deje en buen lugar a la editorial a la que representa. Se sabe cobarde, reconoce que los micrófonos la espantan y no sabe si va a ser capaz de superar su timidez cuando se halle frente a esas personas a las que se muere por abrazar. Pero los abrazos son un incentivo de peso. Y se dice a sí misma: ¿Quién dijo miedo? Así que se va a la Semana Gótica de Madrid.

Va temblando durante todo el trayecto, y continúa temblando cuando llega a Atocha y se ve sola. ¿Qué haré si no vienen a buscarme?, piensa. Madrid ya no es la ciudad que la viera nacer, no es la ciudad por la que se movía sin miedo quince años atrás. Han pasado muchas cosas terribles en su vida desde entonces, y ahora le teme prácticamente a todo.

Toluuuu llega, con unos minutos de retraso, pero acude a recogerla, y su abrazo destierra al miedo a un rincón de su mente. No lo elimina, porque todavía debe enfrentarse al peor de los monstruos, y no se siente preparada, así que el miedo aguarda su momento, sabedor de que todavía tiene mucho que decir en esta historia.

Pero no dirá gran cosa durante los próximos tres días.

Ese fin de semana tiene lugar algo más que un evento literario. Hay confesiones, risas, abrazos, sándwiches de Rodilla para combatir la nostalgia, trayectos en metro (y qué miedo da el metro en estos días, amigos), paseos por el centro, momentos para ponerse al día y otros para hacer planes de cara al futuro. Hay abrazos, y eso es lo mejor de todo. Hay momentos para aprender y otros para enseñar, hay lectura privada de relatos y consejos de ida y vuelta. Hay abrazos, abrazos que alegran el corazón y sanan el alma. Hay firmas, visitas muy breves que llenan el corazón, un par de fotos para el recuerdo y el evento para el que se ha desplazado. La charla que han ido a escuchar resulta interesante, la que sigue a la primera es entretenida y se desarrolla con más naturalidad de la que los participantes pensaban, y la presentación en la que Bea toma parte consigue que se llene la sala, así que la considera un éxito. Además, se ha atrevido a coger el micrófono y a participar a pesar de los nervios, ¡y sólo ha tartamudeado una vez! Reto superado.

Ya puede decir que estuvo presentando un par de antologías en la Fnac de Callao.



Cuando vuelve a casa, se siente un poco más fuerte.

Pero aún ha de enfrentarse a otro reto, y éste le da casi más miedo que el primero. Zaragoza no es como Madrid, allí sólo ha estado una vez, y no conoce sus calles; tampoco conoce a las personas con las que va a reunirse. Pero en esta ocasión no viaja sola, y eso le da valor. En cuanto ella y Athman llegan al lugar del evento, no tarda en aprenderse el trayecto, y los primeros abrazos consiguen que se sienta un poco menos nerviosa. Esta vez no tiene que hablar, va como espectadora.





Y el Cónclave Penumbra resulta muy interesante. Hay charlas, proyección de cortometrajes, lectura de relatos, monólogos de terror, y aunque se siente un poco fuera de lugar, yendo de aquí para allá sin apenas hablar con nadie, pasa un buen rato y aprende de todo lo que ve y escucha. ¿Y acaso no se trata de eso?


Ana Arranz lee un fragmento de su relato
Ángeles Pavía nos habló del origen de ciertos mitos

Improvisando un relato de la mano de David Jasso
Monólogos de terror a cargo de Roberto Malo


El día siguiente es mejor todavía. A los muchos compañeros de letras a los que conoció el día anterior se suman sus chicos queridos, Toluuu y Pili, a los que ha visto hace una semana, y su mellizo literario, al que no veía desde primeros de año. Y se siente tan feliz, tan llena de energía y de amor, que se cree capaz de enfrentarse al miedo y curarse de una vez por todas.






  El domingo, ya de vuelta en su casa y con su alacena de los sentimientos bonitos llena de recuerdos valiosísimos, abre el procesador de textos dispuesta a comenzar su nanowrimo particular escribiendo la No-Crónica de los dos eventos a los que ha asistido durante las vacaciones. Hace siglos que no actualiza el blog, y ponerlo al día es una de sus asignaturas pendientes. El nanowrimo no comienza hasta la semana siguiente, pero Bea nunca ha sido de hacer las cosas cuando las hace todo el mundo. Y además, no va a participar exactamente; cree que es posible escribir 50000 palabras en un mes, y aún más, ella ya ha escrito una novela en veinte días en dos ocasiones. Pero esta vez no tiene una novela en la cabeza, ni se le ocurre ninguna idea para cumplir con el objetivo. Sin embargo, piensa que se trata de volver a escribir, y da igual que no le salga una novela, mientras consiga escribir aunque sea un párrafo al día ya estará lográndolo. Su lema de este año, y su reto, ha sido Haz Que Suceda. Está decidida a hacerlo, aunque vaya muy poco a poco.

No escribe una No-Crónica para el blog. No es que no le salgan las palabras, es que el archivo que ha abierto contiene una historia que ya está lista para ser terminada. El primer día escribe 2000 palabras; por fin sale de esa escena en la que llevaba atascada casi dos años, y el alivio que le produce actúa como combustible para seguir adelante. El lunes escribe casi 3000. Relee las últimas seis páginas y decide que le gusta. Piensa que, si sigue a ese ritmo, en un par de meses habrá terminado esa novela a la que le tiene tantísimo miedo. Porque su Z es la novela más difícil a la que se ha enfrentado en toda su vida, y por fin comprende que no la abandonó porque tuviera un bloqueo de escritor, sino porque le aterraba enfrentarse a su monstruo interior. Pero Zeta quiere salir, ya se siente preparada para salir, y el martes la Musa le da otras 3000 palabras, y el miércoles escribe algo más de 6000. La sensación que la embarga es indescriptible; sólo alguien que nació siendo escritor podría comprender lo que se siente cuando escribes con la naturalidad con la que respiras. Es como si estuvieras en trance, tecleas y las frases salen solas, no las piensas, salen porque las tenías en la cabeza desde hacía mucho tiempo, y salen porque por fin te has decidido a abrir la puerta de la alacena de los sentimientos negativos, donde guardas todos tus miedos, donde se agazapa el peor de los monstruos, el que espera para devorarte si no te armas de valor y le haces frente, el que temes que te derrote, aquél en el que tanto miedo te da llegar a convertirte.

Pero los abrazos obran milagros, y Bea se siente lo bastante fuerte para hacerle frente.

Le quedan dos días de vacaciones. Viendo el ritmo que ha cogido la novela, se pregunta si será capaz de terminarla antes de volver al trabajo. Teme que, si no lo hace, la magia desaparezca. No es fácil escribir cuando estás tan lejos del mundo al que perteneces, y Z está tan ligada a su entorno laboral que durante mucho tiempo no ha podido escribirla porque no era capaz de desligarse emocionalmente de sus personajes. Pero si es constante y persevera, quizás esos dos días sean suficientes...

El jueves por la tarde escribe por fin la última frase de la novela. Esa frase que le da título, la que cierra un ciclo, una especie de conjuro que se llevará todo lo malo que le impedía escribir y sanará por fin su alma. En un estado de frenesí, imprime el manuscrito y lo lleva a la copistería para encuadernarlo. No sólo ha sido capaz de terminarla antes de volver al trabajo, sino que le ha sobrado un día para llevarla al Registro de la Propiedad Intelectual.



 Y aquí termina (o debería decir comienza) mi historia. He conseguido terminar una novela de terror para Halloween. No puedo enseñártela todavía, pero está ahí, en manos de mis lectores cero. De lo que ellos me digan dependerá su futuro. De momento no me preocupo. Si le buscaré editorial, si la subiré a Amazon o si la guardaré en un cajón para que nadie llegue a leerla jamás es algo que el tiempo dirá. De momento, está registrada y media docena de personas la están leyendo, así que es posible que descarte la tercera opción. Creo que Z (VASL) es una muy buena historia que no merece caer en el olvido, aunque me aterra que se publique, pero esto es algo personal que tiene que ver con lo que contiene; la escritora que soy desea verla publicada, desea que llegue a tus manos, que te sorprenda, que te emocione, que te aterre, que te llegue al corazón.

No voy a pensarlo ahora. Está terminada, y eso es lo único que me importa. Me he enfrentado al peor de los monstruos y he sobrevivido. De hecho, he salido de la lucha fortalecida. Creo que ahora sí voy a curarme. Creo que ya estoy preparada para volver a escribir novela larga.

Ya puedo regresar a Thèramon.

domingo, 2 de agosto de 2015

Una espinita


¿Tres meses sin decir ni mu? ¡Por todos mis dragones! Este año me estoy luciendo :P
Sí, vale, que el tiempo no es elástico y estoy metida en mil proyectos, pero eso no es excusa para no actualizar el blog cuando pasa algo que quiero compartir. Y desde abril han pasado algunas cositas.

Jolines. No vine a contarte mi viaje a Barcelona en Sant Jordi, tampoco vine a hablarte del encuentro del Club Lletraferits que tuvo lugar también en Barcelona unos días después. Abrazos, conversaciones de lo más interesantes y motivadoras, dos docenas de fotos que no sé a dónde han ido a parar porque fui a descargarlas y las borré del móvil y no sé en qué carpeta se guardaron (si se guardaron, claro, que ya sabes que la tecnología y yo no nos llevamos bien). No vine a decirte que ¡SÍ! conseguí terminar el relato que tenía pendiente. Tampoco a compartir las nuevas reseñas que habían salido de Vampiralia. (Bueno, esto puedo hacerlo ahora, que tengo guardados los enlaces por alguna parte). Tampoco vine a decirte que ¡por fin! conseguí que el capítulo problemático de Z (por culpa del cual esa historia llevaba dos años parada) encajara y dejara de ser un problema para continuar escribiendo (aunque no he seguido escribiéndola, porque no he parado de corregir en todo este tiempo).
Vaya, que dije que me iba a desconectar un poco para centrarme en un par de proyectos y resulta que me he desconectado más de lo que pensaba.

Bueno, voy a intentar ponerme al día. Pero poco a poco, que tampoco quiero hacer un popurrí y mezclar asuntos. Empezaré por las reseñas de Vampiralia, que tengo una espinita clavada y necesito desahogarme.

Vamos con la primera que llegó después de que el Doctor Motosierra la diseccionara en su mesa de autopsias literarias. Llegó en mayo, desde El Rincón de Nesa, y salimos muy bien parados. Me encantó lo que dijo de mi relato, porque ella sí que entendió lo que yo había querido hacer:

Cuando empecé a leer No me dejes, de Bea Magaña, no supe qué pensar. Me gustó volver a Salem's Lot, recordar la taberna de Dell, la inquietud que provocó la desaparición del pequeño de los Glick, el perro colgado de la verja del cementerio y, por supuesto, la casa de los Marsten. La historia de King volvió a mi cabeza como si acabase de leerla y, obviamente, supe enseguida qué le sucedería a la pareja protagonista… Pues no, iba desencaminada. Un buen relato, se haya leído El misterio de Salem´s Lot o no.

Puedes leer la reseña completa aquí.

Y ahora la segunda, que apareció en un blog del que nunca había oído hablar y venía firmada por un tipo al que no conozco. Creo que no le gustó mucho, aunque no me quedó muy claro. O sea, el autor de la reseña fue desgranando cada relato y puntuándolos, y hubo unos pocos que recibieron un 7, y muchos que no llegaron al 5. En fin, he aquí lo que dijo de mi relato:

El cuento ‘No me dejes’ (Bea Magaña) me ha dejado, y nunca mejor dicho, un gusto agridulce. Pero con un resto más amargo que dulce, por desgracia. Narrado de manera eficiente, aunque sin florituras, lleva a al autor a través de la historia sin excesivos defectos formales. Ley Salem’s Lot hace más de veinte años, por lo que seguro que aparte de la casa y Barlow se me han escapado muchos detalles. ¿Quizá la referencia al solar, o las fechas de la semana? ¿El cuento se ha basado en la novela tanto como para exigir su lectura para comprender todo? Lo ignoro, y a estas alturas no voy a ponerme a leer esa novela. Así que no valoro, ni en un sentido positivo ni negativo, la relación con la obra de King. Desconcierta un poco la manera en que se trata el rol de protagonista: durante el primer tercio del cuento crees que es el marido y de repente te das cuenta de que ahora la narración se olvida de él y se centra en la mujer. No puedo negar que eso me ha mosqueado un poco, pero tampoco le he dado mucha importancia. Lo que sí que me ha cabreado, y mucho, es el supuesto clímax: tramposo es poco. Torticero, sacado de quicio, irracional. No puedes llevar al lector durante todo el camino por un sendero, trazar ese camino de una manera muy clara, y en los últimos cinco párrafos contradecirte a ti mismo y salirte con justo lo contrario. No, señora Magaña, no. Esa sorpresa final se carga lo que el primer protagonista narra en su parte. Pero lo malo no es que se lo cargue, sino que lo hace sin dar ninguna argumentación, ni siquiera velada. La sorpresa por el mero hecho de la sorpresa. No. Por todo ello, por ese gusto agridulce, debo otorgarle un 5.

Bien, a día de hoy todavía no sé cómo tomarme esta opinión. Verás, lo de que no se puede gustar a todo el mundo es algo que tengo más que claro, y lo de que a un lector no le mole mi relato por el motivo que sea no me molesta ni me desmotiva. Pero que me llamen tramposa me ofende, y mucho. Porque soy la primera que critica un texto mal planteado, poco creíble, que hace aguas por algún sitio o en el que el autor se ha sacado de la manga un final cogido por los pelos, y por ese mismo motivo me esfuerzo mucho a la hora de ir dejando pistas para que, cuando el lector llegue al final, se sorprenda (o no, si ha encontrado las pistas) y no se sienta timado. Hay una diferencia importante entre jugar con los prejuicios del lector y darle un desenlace que no esperaba y engañarle. Y hay un par de párrafos en ese relato en el que cualquier lector (aunque sea en una segunda lectura) verá que no hay trampa en el final que yo elegí para mi relato.

En algún momento llegó a vislumbrar lo que sucedía a su alrededor, pero su cerebro nublado por la angustia no llegó a asimilarlo.
Linda despertó al atardecer, con dolor de cabeza, la boca pastosa y los nervios en tensión. No comió, sentía un nudo en el estómago que le impedía probar bocado a pesar del hambre que siempre acompañaba al despertar y a la resaca.
La sangre huyó de su rostro y el corazón se le paralizó cuando recordó lo que había visto la noche anterior. Con el recuerdo llegó la comprensión, y con ella el miedo.

Pistas. No se trata de decirlo claramente, porque entonces no hay sorpresa final. Pero ahí están, las pistas, para el lector que quiera o que sepa encontrarlas. Así que no me llamen tramposa. Y no digan que el final es irracional o sacado de quicio.

En cuanto a su pregunta: ¿El cuento se ha basado en la novela tanto como para exigir su lectura para comprender todo? Pues diré que intenté que se basara tanto en esa novela, por si algún fan de King lo leía y veía las referencias (al Solar, a sus personajes, y también a las fechas, que una es muy meticulosa), pero creé mis propios personajes para que cualquier no fan de King pudiera disfrutar del relato aunque no hubiera leído la novela a la que homenajea.

En cuanto a su desconcierto (durante el primer tercio del cuento crees que es el marido y de repente te das cuenta de que ahora la narración se olvida de él y se centra en la mujer) sólo puedo decir que el protagonista no es el marido, y tampoco la mujer. El protagonista es el pueblo, el Solar (con mayúscula, reseñador desconocido), y la enfermedad de Linda, a la que comparo con un vampiro, porque eso era lo que quería contar, porque ésa era la herida que necesitaba sanar:

en forma de locura, primero, y de depresión después, la oscuridad se había instalado en su casa como un familiar indeseado y todos los esfuerzos de James no habían servido para librarse de ella, pues era Linda quien le había abierto la puerta y le había dado la bienvenida a su alma. Con el transcurso del tiempo, aquella oscuridad había ido succionando la vida de su matrimonio como un vampiro que, noche tras noche, acudiera a alimentarse tras haber sido invitado.

Y, por cierto: (Ley Salem’s Lot hace más de veinte años) se escribe Leí. (Tenía que decirlo).

Bueno, que si quieres leer todo el tocho de reseña puedes pinchar en este enlace.

Y ahora que me he sacado esa espinita, voy a seguir corrigiendo un rato, que no sé cómo me las apaño para tener mi carpeta de encargos (ya no se llama de asuntos pendientes, pero de nuevo, como el año pasado, tengo varios pendientes) llena otra vez. Intentaré volver pronto, que hay tres libros de los que quiero hablarte. En dos de ellos he colaborado como correctora, y en el tercero hay un relato mío. Y es imperdonable que no haya venido a hablarte de esto.